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domingo, 29 de abril de 2012

Porque hay cosas que no se olvidan ni despues de la muerte

Una enfermedad no te enseña a morir, te enseña a vivir, a amar la vida con todas tus ganas.
A mi su enfermedad me enseño cuan simple eran algunas cosas y que yo no las podía ver, me enseño que todo es sencillo que somos nosotros los que la complicamos.
Me enseño que un abrazo dado 1 segundo fuera de tiempo se convierte en un abrazo que desearías haber dado, me enseño que nadie elige cuando y como va a morir, que hay que aprovechar el hoy, el mañana no existe.
Su voz desgastada por tanto cigarrillo, su cabeza sin un solo pelo, su cuerpo cada día mas deteriorado y  su animo tan cambiante, que un día podía levantarse y reír a carcajadas y otros días simplemente podía pronunciar -me estoy llendo,nos destrozaba el corazón...
De su animo dependían las tardes de familia, si el estaba mal hasta el aire parecía cortarte la respiración, donde las miradas podían leerse a simple vista y no daban un buen panorama.
Si bien no lo conocí a fondo, y no lo valoraba demasiado, el cáncer le enseño a vivir, a que hay que ponerle una buena cara a la vida que sino se vuelve rutinaria, pero también el cáncer le dio un tajo a sus sueños, sueños que nunca se van a cumplir... a mi, su enfermedad me dejo conocerlo, empece a reconocer otros ojos, que suplicaban amor, simplemente me enseño que la vida en un segundo puede darte o quitarte todo de un golpazo, y que un día, te olvidas de, simplemente, respirar...

Hace tanto que su caja de Malboro no ronda por este lugar.

La muerte es una ley de la vida, a la que nadie le esquiva, pero nunca estaremos preparados para ello, a mi me dijo a gritos que de esta no se salvaba, supongo que pretendía mentirme para darle lo mejor de mi sus últimos días, y después de tantos avisos, se fue... cumpliendo así, su frase que parecía tan repetitiva
 -me voy.